La Historia

Historia de Panamá: El Periodo Prehistórico hasta la llegada de los Españoles PARTE II

Queridas amigas y queridos amigos puravidosos, como prometí, aquí estoy en nuestra cita para continuar juntos el recorrido histórico sobre la Panamá precolonial.

Retomemos desde donde lo dejamos en el artículo anterior, ¿ok?

Ahora les hago una pregunta: ¿qué creen que sucedió mientras tanto en Panamá y con su gente en los siglos posteriores? ¿Lo saben? ¿No? Entonces se lo digo yo…

Las cerámicas comenzaron a adquirir colores y diseños cada vez más elaborados, los asentamientos se volvieron cada vez más permanentes y estructurados, y también se crearon estructuras de gobierno más sólidas.

Por ejemplo, en el período que va desde el 500 a.C. hasta la llegada de los españoles, Panamá se organizó en los grandes señoríos (Cacicazgos) o reinos guerreros y vivió su mayor esplendor, conoció los grandes entierros de oro y se difundieron los célebres maestros orfebres y artesanos. Nunca se creó un imperio como el Inca, Azteca o Maya, sino que siempre se mantuvieron como reinos independientes comandados por los Tibá (Gran Señor / Rey Supremo) cuando eran de mayores dimensiones e incluían señoríos menores en su interior, o por los Quevi (que en cambio indicaba un señor principal) en un territorio más restringido como un distrito –por ejemplo, el de Veraguas–. Estos jefes estaban luego acompañados por varios Saco (señor secundario / vasallo) que gobernaban sobre una sola aldea o valle, y por los Cabra, es decir, la élite de los nobles guerreros.

Queridas amigas y queridos amigos puravidosos, ahora les haría otra pregunta… ¿listos? No, no era esa jajajaja, sino esta otra: ¿Saben cómo peleaban los caciques entre ellos? (Cacique es el término genérico acuñado por los españoles para referirse indistintamente a tibá, quevi o saco).

Es divertido profundizar en este aspecto porque ustedes podrían pensar que actuaban en secreto, que estudiaban planes de ataque por sorpresa o cosas por el estilo… pero no. Todo lo contrario. Prácticamente era como si tocaran la fanfarria para anunciar la guerra. De hecho, usaban tanto trompetas hechas de caracolas marinas gigantes talladas (las caracolas de Strombus galeatus), que emitían un potente sonido que se escuchaba incluso a kilómetros de distancia, como flautas de hueso de venado y jaguar, las cuales a su vez emitían sonidos muy agudos y servían para simular a los espíritus del bosque y de la sabana. Además, los Cabras combatían con la piel pintada de guerra (de negro –jagua– y de rojo –achiote–) y llevaban pectorales de oro pulidos como espejos que reflejaban la luz del sol y servían para cegar e impresionar psicológicamente a los enemigos.

A este punto se estarán preguntando cómo funcionaban las cosas en torno al tema de la guerra, es decir:

  • las razones para combatirla
  • cómo evitarla y tal vez forjar alianzas
  • y eventualmente, en caso de guerra, qué les sucedía a los derrotados

¿Verdad que nunca dejan de sorprendernos estas poblaciones panameñas de la era precolonial? Entonces les explico brevemente cómo están las cosas.

Comencemos con las razones para ir a la guerra:

  • Entre las principales estaba el control de las salinas, que permitían la conservación de los alimentos a lo largo del tiempo (entre ellos, pescado y caza).
  • Pero también el control de las rutas comerciales fluviales y marítimas desde el interior hacia el exterior y viceversa.
  • Entre ellas estaban además la captura de mano de obra y esclavos, la conquista de nuevas tierras fértiles para garantizar la seguridad agrícola, poder alimentar a una población más numerosa y abastecer a los contingentes en guerra.
  • Tampoco nos olvidemos del control del oro y de las perlas.
  • Y luego razones más humanas que también conocemos hoy en día, como venganzas y disputas personales y/o dinásticas, el aumento de la base tributaria de los distintos Tibá que buscaban someter a más quevi, y también el medio para poder crecer y evolucionar socialmente hasta alcanzar la nobleza y la riqueza.

Para evitar las guerras o forjar alianzas se organizaban unas fiestas pantagruélicas que se conocían con el nombre de Bebederas, donde bebían la chicha fermentada, que no era otra cosa que maíz masticado por las mujeres, normalmente ancianas o jóvenes encargadas, quienes, con su saliva, fermentaban el maíz y creaban la bebida en cuestión. Luego la recolectaban en vasijas de barro para beberla en los banquetes. Los jefes se sentaban en taburetes ceremoniales (duhos) con forma de jaguar, revestidos con mantos de plumas y oro. Se desafiaban en grandes rondas de bebida a base de chicha fermentada y, mientras tanto, recitaban a viva voz los nombres de sus antepasados, así como sus victorias. Y como se imaginarán, queridos amigos y queridas amigas puravidosos, a veces todo salía bien, la guerra se evitaba y nacían alianzas; pero otras veces, al día siguiente, se encontraban combatiendo por las peleas colosales que se habían desatado durante las bebederas nocturnas.

Cuando terminaba una guerra, eh… las cosas podían salir bien para los vencedores, al menos para los más poderosos, pero desde luego no para los vencidos, que eran reducidos a la esclavitud (los llamados Pacos) para trabajar en los cultivos de las tierras o remar en las grandes piraguas comerciales (¡que llegaban a medir hasta 15 o 20 metros de largo!). Para humillarlos, los marcaban y/o los rapaban. Pero si un guerrero era demasiado peligroso, por precaución le cortaban los pulgares o las primeras falanges de los dedos para impedirle en el futuro empuñar arcos, el propulsor de lanzas (atlatl) o una maza de guerra.

¿Cómo vamos? Imagino que se están divirtiendo y, al mismo tiempo, que están cautivados por lo fascinante que es esta historia sobre la Panamá precolonial. Pero cuidado con dejarse conquistar demasiado y correr el riesgo de ser convertidos en Pacos jajajaja. Antes de concluir este recorrido, me gustaría darles algunos datos curiosos más para completar el panorama.

Los caciques eran como semidioses y tenían muchísimos privilegios… ¿Sabían que en las celebraciones oficiales nunca ponían un pie en el suelo? Siempre los mantenían elevados y eran transportados en literas doradas o esteras de cañas entrelazadas, llevadas en hombros por los nobles Cabras.

¡Pero eso no es todo! ¿Sabían que si un campesino (Naboria) o cualquier súbdito común era descubierto usando joyas de oro repujado, esmeraldas o coronas de plumas de quetzal, que por ley divina estaban reservadas para la casta real y los sacerdotes (Tequinas), podía ser castigado severamente con penas que iban desde la confiscación de todos sus bienes hasta la mismísima esclavitud? Pues sí, la vida era (por así decirlo) fácil solo para la clase noble, los sacerdotes y el soberano, pero definitivamente no para los demás.

Finalmente, los caciques tenían derecho a un harén compuesto por decenas de mujeres, que normalmente incluía a hijas de soberanos menores (quevi) o jefes de aldea (saco) para cimentar alianzas, expandir su base territorial y ampliar su poder.

¿Y qué pasaba cuando moría un tibá o un quevi? Les aseguro que era un verdadero caos, tanto en términos económicos como en pérdida de vidas humanas. Todo esto que les cuento está confirmado por los hallazgos en las excavaciones de El Caño y Sitio Conte.

Para no perder su rango en el más allá, el cacique fallecido debía llevarse consigo a los miembros más importantes y conocidos de su corte (de hecho, en las excavaciones se han encontrado hasta 40 o 50 personas enterradas junto a su soberano). Por lo tanto, tanto sus esposas favoritas como sus servidores personales y guerreros de confianza bebían una mezcla tóxica a base de plantas narcóticas o veneno de sapo (Bufo marinus) que provocaba parálisis e inconsciencia profunda. Luego eran acomodados —aún vivos o recién fallecidos— en forma radial alrededor del soberano, cubiertos de perlas, platos de cerámica llenos de comida para el viaje y recipientes de chicha, para finalmente ser sellados bajo toneladas de tierra y losas de piedra volcánica.

A esta práctica se le conoce como sepultura múltiple y con acompañamiento.

Pero entonces estoy seguro de que se estarán preguntando: ¿cuáles fueron los reinos principales y qué los hacía más prestigiosos y avanzados que los demás? Bueno… para responder a esta pregunta, sepan que los arqueólogos han subdividido Panamá en macro-regiones culturales: la más célebre e importante de la época era el Gran Coclé y la Península de Azuero, hoy una zona con hermosas playas y sede de resorts turísticos de lujo, algunos con su propia marina.

Esta era la región más importante por su oro y poder, con reinos como el de Natá (hoy en día todavía existe el pequeño pueblo de Natá de los Caballeros), definido como el granero del istmo por sus interminables cultivos de maíz e inmensas reservas alimentarias; y el reino del cacique París, el de Cutara / Parita, el más rico y al mismo tiempo el más temido militarmente, que controlaba las salinas estratégicas y las rutas comerciales del Pacífico.

En cambio, en la Región Occidental del Gran Chiriquí y las montañas centrales, el reino de Veraguas con su cacique Quibián controlaba las minas de oro aluviales, y su soberano fue el primero en derrotar a Cristóbal Colón en 1503. Y en la región oriental, la del Gran Darién, el reino de Careta y Ponca, por ejemplo, dominaba las rutas comerciales marítimas hacia Sudamérica.

Queridas amigas y amigos puravidosos, a lo largo de esta lectura se habrán dado cuenta de que el prestigio de un reino dependía de factores diferentes a los que podríamos considerar relevantes hoy en día. ¿Ya se hicieron una idea de cuáles eran? Bueno, les daré una ayudita.

Primero que nada, la importancia de un reino se medía por su capacidad para controlar los bienes indispensables para la vida cotidiana y para el comercio. Entre ellos cabe destacar el control de las salinas, las tierras aluviales para el maíz, y las rutas fluviales y marítimas.

Sin embargo, en esta jerarquía de valores para calificar la importancia de un reino también entraba la cuestión religiosa y la riqueza: de hecho, cuanto más rico era un reino, mayor era el favor divino que se le atribuía.

Por lo tanto, era fundamental tener a los mejores orfebres y a los mejores artesanos, incluyendo a los productores de cerámicas cada vez más elaboradas, coloridas y con diseños complejos. Y esto servía también para ganarse el favor de los jefes menores y su lealtad; por eso, los soberanos distribuían riquezas entre sus nobles y los sacos, aumentando así la base de su poder y la lealtad de la clase dominante.

Hemos llegado a la recta final, mis queridas y queridos puravidosos. Les quiero contar una última, ¡ultimísima! anécdota que los dejará con la boca abierta, pero que se puede decir sin rodeos… dejó con un palmo de narices a los españoles cuando llegaron a estas tierras.

Los orfebres panameños eran unos genios y ya en aquel entonces habían inventado una aleación binaria o ternaria (la famosa tumbaga) compuesta por entre un 10% y un 70% de oro, entre un 30% y un 90% de cobre, y que podía contener entre un 5% y un 15% de plata (rara vez añadida intencionalmente, la mayoría de las veces presente como impureza del oro aluvial extraído de los ríos panameños). La genialidad, por así decirlo, radicaba en que mientras el oro puro se funde a 1.064 °C y el cobre puro a 1.085 °C, cuando se intenta fundir una mezcla formada por un cierto porcentaje de oro y de cobre y, en su caso, también de plata, se produce el fenómeno del punto eutéctico. Esto suponía una reducción significativa de la temperatura del punto de fusión, permitiendo así controlar mucho más fácilmente todo el proceso.

Además, la aleación tenía una menor viscosidad y una mayor fluidez, evitando o reduciendo drásticamente el riesgo de fracturas o la formación de burbujas de aire y, por tanto, permitiendo la creación de detalles anatómicos y ornamentos complejos. Por otra parte, mientras que el oro puro es muy blando y dúctil, la tumbaga es mucho más compacta y dura una vez solidificada, y no se deforma ni se rompe fácilmente. ¡Imagínense, amigos míos, que esta última puede endurecerse aún más mediante el martillado en frío! Los panameños lograban dar la impresión de fabricar productos de oro de 24 quilates gracias a la técnica del dorado por depleción.

¿Y saben entonces qué pasó cuando llegaron los españoles? Ciertamente se dieron cuenta del olor particular que emanaba esta aleación y de que para los locales estaba asociada con la presencia de los espíritus, la fertilidad y la energía vital; y seguramente entendieron que para ellos el oro representaba la incorruptibilidad celeste y el sol. Pero, al mismo tiempo, se imaginaron erróneamente que esta zona del mundo estaba repleta de oro, para luego descubrir, cuando fueron a fundirlo todo, que al menos un 60%-70% estaba compuesto de cobre… y de verdad se quedaron con las ganas.

No olvidemos que el cromatismo cambiante de la tumbaga recuerda la doble acción: la cósmica del sol y la intervención transformadora del hombre en su componente de cobre; y por ende, representa a su vez la gran burla que dejaron en herencia a los colonizadores. ¡Jajajaja!

Bueno mis queridas amigas y amigos puravidosos, después de este recorrido por la historia precolonial, creo que es hora de dejarlos con sus pensamientos precoloniales, ¡jajajaja!, mientras descansan y disfrutan de un poco de pura vida, pensando en las luchas entre caciques y en todas las anécdotas que les he transmitido sobre estos pueblos.

Nos vemos la próxima, y mientras tanto espero que puedan compartir todo esto con sus amigos y familiares.

¡¡¡PURA VIDA SIEMPRE!!!